

Marzo me trajo dos viajes a Alemania. Primero fue la ponencia "Leer en español en la red: enfoque, técnicas y recursos", en el 17. Deutscher Hispanistentag / 17º Congreso de la Asociación Alemana de Hispanistas, organizado por Johannes Kabatek, de la Eberhard Karls Universität Tübingen (18/21-3-2009, foto de la derecha) y después fue la conferencia "Lectura y escritura joven en un mundo electrónico y globalizado", en las Jornadas para profesores de español LISUM, organizadas por el Instituto Cervantes de Berlín y la Consejería de Educación de la Embajada Española en Alemania, en Berlín (27-3-2009, foto izquierda).
Alemania será uno de los países en que la enseñanza de ELE está más desarrollada, con sus cuatro institutos Cervantes, con las actividades de la vitalista Consejería de Educación del gobierno de España, y con los programas de educación bilingüe de muchos "land", como Baden-Wütterberg o Bayern, que financian con ayuda del gobierno español lectores y profesores de español para secundaria y para las Volkschüle (las escuelas populares). El español está creciendo como segunda lengua extranjera de manera imparable.
Mi relación con alemania es especial, porque pasé dos veranos de mi juventud estudiando alemán allí, después de empezar a aprender este idioma en la universidad. Me siento muy a gusto allí, tengo muchos amigos y siempre he admirado la organización, la capacidad y el sentido de comunidad de este pueblo (y también he experimentado su inflexibilidad, su exigencia y su cortesía directa y contundente...). ¡Ja, ja, ja!
Quizá una de las cuestiones más destacadas del alemán que aprende español sea su concepción tan gramaticalista, metódica y clásica del aprendizaje. Quizá por influencia de su lengua materna (Deutsh ist eine sehr schwierige Sprache - El alemán es una lengua muy dificil), por su tradición educativa o por su sentido del deber, el caso es que muchos aprendices dedican un tiempo a redactar listas interminables de vocabulario [sic], a marcar con colores diferentes (azul para el masculino o rojo para el femenido) el género de esas palabras y a memorizarlas mentalmente. Pero lo peor es que le consiguen sacer un provecho bárbaro...

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